Autor

Nuestro pequeño Billy

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UNA JUBILACIÓN FRUCTÍFERA

LA VIDA EMPIEZA A LOS SETENTA

 

¿Ha pensado en la jubilación y en cómo ocupar el tiempo?

 

He aquí la respuesta de Billy Hopkins

 

 

Se podría pensar que, al jubilarse, Billy Hopkins, un hombre de setenta y siete años que durante cuarenta ha sido profesor, se habría conformado con sentarse a descansar en su tumbona del jardín, con los ojos cerrados, mientras su mujer cuidaría de las flores y las plantas. Pero Billy, o Wilfred, como realmente se llama, cree que su jardín es un buen lugar para sentarse y pensar en el próximo libro que está planeando añadir a los cinco best sellers que ya tiene publicados.

 

Lo conocí hace unos años y me di cuenta de que era un anciano normal a quien le gustaba conversar y a quien le sigue pasmando el éxito de sus libros. Le pregunté si escribir, hablar en almuerzos y foros literarios, conceder entrevistas en radios y televisiones y responder correos de sus admiradores era como él había previsto su jubilación.

 

“Cuando me jubilé probé varias formas de estar ocupado” me dijo. “Empecé a trabajar la madera con un torno, pero toda la casa vibraba y todas las habitaciones se llenaron de una fina capa de polvo. También intenté hacer casas de muñecas, pero mi mujer acabó harta de los martillazos. Me dediqué incluso a producir vino y todo el mundo suspiró con alivio. Por fin algo de paz, pensaron. Pero eso fue antes de que probaran el vino. “Excelente como quitamanchas,” comentaron mis hijos. Así que mi familia me sugirió que escribiera mis memorias, y cuando las leyeron comentaron: “No están nada mal. ¿Por qué no intentas publicarlas?”

 

Publicar es más sencillo de decir que de hacer. Billy envió un resumen y tres capítulos a unos treinta editores de los que estaban interesados en sagas familiares. Transcurrido un año había recibido en torno a doce respuestas.

 

Uno de ellos le comentó que era una historia encantadora y sería publicable si la hubiera protagonizado una niña. “Lo siento,” dijo Billy, “pero no estoy preparado para un cambio de sexo, ni aunque así me publicasen el libro.”

 

Otro dijo que no había demanda para “historias situadas en el norte de Inglaterra, como ésta”. Otro de los manuscritos fue devuelto con una nota garabateada en un pedazo de papel manoseado, que decía: “Alguien ha dejado esto en mi mesa. No tengo tiempo de leerlo. Estoy saturado de trabajo”.

 

Puede que una persona con menos determinación hubiera tirado la toalla, pero Billy no es de los que retroceden ante un desafío. Compró uno de los primeros ordenadores y él mismo mecanografió su historia en formato libro, hasta tener cien ejemplares impresos.

 

“Se vendieron con la misma rapidez con la que mi padre se bebía una pinta de cerveza”, dijo riendo.

 

Animado por el éxito, imprimió otros quinientos ejemplares y los anunció en las revistas que leían los mayores. Se vendieron tan rápidamente como los anteriores.

 

“Uno de ellos aterrizó en la mesa de John Sherlock. Era asesor creativo de algunos de los estudios de Hollywood y había trabajado en el asesoramiento de los guiones de series como Dinastía y Dallas. Había nacido en el norte de Inglaterra y la historia lo conmovió.”

 

El libro llegó entonces a las manos de un agente literario londinense que lo envió a la editorial Headline, cuyo editor senior dijo que, una vez que comenzó a leerlo, no pudo dejarlo. Esta vez, el mismo editor que había rechazado en un primer momento el manuscrito estaba deseando publicarlo, y Billy estaba a punto de entrar en las listas de los más vendidos.

 

Nuestro pequeño Billy se publicó en Headline en 1998 con una previsión de venta de diez mil ejemplares. A fecha de hoy lleva trescientos mil, y sigue vendiéndose. Fue seleccionado por el World Book Club como libro del mes y diariamente, durante cinco semanas, se leyó una versión adaptada en Radio Lancashire.

 

“Sólo puedo hacerme una idea de la cantidad de ejemplares vendidos si me imagino el estadio de Wembley lleno de espectadores agitando un libro entre las manos,” dijo Billy.

 

Y no es el dinero lo que más agradece, sino pensar en el placer que aporta a sus lectores y en los cientos de cartas y correos electrónicos que éstos le envían.

 

“El dinero se va al banco,” comenta, “sin embargo, mis hijos afirman que todos queremos ver cumplidos nuestros deseos.”

 

El único capricho que se ha concedido es un Mercedes blanco en cuya matrícula se lee “Pequeño a bordo”.

 

“Cuando voy conduciendo solo veo a la gente señalándolo,” dice, “y preguntándose qué significará.”

 

Tras el éxito de Nuestro pequeño Billy, que finaliza cuando Billy tiene diecisiete años, sus lectores querían saber más sobre él. Por eso escribió High Hopes, que sigue en orden cronológico su vida hasta su matrimonio, incluyendo su primera experiencia como profesor en Manchester. En este caso no hubo problema para publicar el libro. Billy tenía ya la sartén por el mango y los editores se lo rifaban.

 

Le pregunté si no se arrepentía de no haberse convertido antes en escritor, y me dijo: “No. Debes jugar con las cartas que la vida te brinda en cada momento. Aunque mi primer trabajo cuando acabé el colegio a los 16 años fue en el Manchester Guardian, como copista.”

 

Admite que se le pasó por la cabeza ser periodista, pero le convencieron de que necesitaría estar mejor preparado para llegar a escribir en un periódico del nivel del Manchester Guardian. Tras finalizar sus estudios universitarios decidió convertirse en profesor, y en 1958 se llevó a su mujer y a los tres primeros de sus seis hijos a Kenia.

 

Al igual que dio clases en Manchester, Liverpool y Glasgow, lo hizo en la antigua Rodesia (hoy Zimbabwe) y en Malawi.

 

“En África,” dice, “la educación, especialmente en el nivel secundario, se considera un gran privilegio al que solo tiene acceso una de cada cien personas. Los estudiantes se aplican tanto que incluso les molesta tener un día de vacaciones.”

 

Esperábamos que su siguiente libro tratara sobre sus aventuras en el extranjero, pero la tercera novela de Billy fue Kate´s Story, y se basa en la vida de su madre.

 

“Cuando mi madre tenía noventa y un años, ya no podía valerse por sí misma, por lo que nos la trajimos a vivir con nosotros. Un día la oí hablando consigo misma y me di cuenta de que estaba rememorando su vida mentalmente. Puse una grabadora en su cuarto y le pedí que me hablara de ella. ¡Lo que pudo contar! Sus memorias llenaron cuatro cintas que en un primer momento pensé en conservar sólo para la familia.”

 

Sin embargo, era una historia tan sumamente asombrosa y conmovedora que Billy decidió transformarla en un libro que varios de sus lectores consideraron el mejor de la serie.

 

Comenzaba en el año de la celebración de las Bodas de Diamante de la Reina Victoria, y Constituye los prolegómenos de Nuestro pequeño Billy. Describe la época que su madre pasó trabajando en una casa difícil, su situación como empleada del hogar de una familia pudiente y los pesares y las privaciones derivados de la Primera Guerra Mundial y la epidemia de gripe que la siguió en 1918. No se trata tan sólo de una historia emocionante, sino también de un sobresaliente análisis sociológico.

 

Le pregunté por qué pensaba él que sus libros eran tan populares.

 

“La gente se identifica con las historias,” respondió Billy, y tan solo hay que leer las cartas y los correos electrónicos que la gente le ha enviado para darse cuenta de lo cierta que es esta afirmación. “Creo que la mejor descripción de mis libros está resumida en una reseña del Warrington Guardian.”

 

“En un momento dado no puedes evitar reírte, en el siguiente te encuentras luchando para que nadie note que tienes un nudo en la garganta.”

 

“En 2003 escribí mi cuarto libro, Going Places, tratando de explicar las cosas tan emocionantes y divertidas que sucedieron cuando, en contra del deseo de mis viejos amigos, que pensaron que me había vuelto loco, me llevé a mi familia a Kenia unos días después de la rebelión de los mau-mau. Pensé que era el fin de mi carrera literaria, pero fueron muchos los lectores que demandaron una continuación.”

 

“Venga,” me escribió un lector, “no nos puedes dejar en el aire entre Nairobi y Londres. Queremos saber qué pasó después.”

 

“Así que me puse a ello y escribí una quinta novela, titulada Anything Goes, que narracómo sacar a una familia adelante en los movidos años sesenta, cuando los valores convencionales se arrojaron a una coctelera.”

 

“Así es como durante mi jubilación he escrito cinco novelas, desde que cumplí setenta años. Nunca es tarde para empezar una nueva carrera.”

 

Billy dice que se siente agradecido por haber tenido la oportunidad de iniciar una segunda profesión a su edad, pero cuando salimos a sentarnos al jardín y continuamos charlando pienso que son sus lectores quienes deben de estar agradecidos por que nunca abandonara su sueño de ver publicados sus libros. Hubiera resultado muy sencillo para él haber aceptado las notas de rechazo que recibió y volver de nuevo al bricolaje, pero cuando uno lee su historia enseguida se da cuenta de que eso no encajaba con su personalidad. Siempre ha sido un luchador, y continúa logrando lo que mucha gente considera imposible.

 

Así que si alguna vez visitas Southport, en la costa de Lancashire, y de pronto ves un anciano dormitando en su tumbona, no des por hecho que es un jubilado a quien la vida no le reserva más oportunidades. Podría ser Billy Hopkins imaginando su próximo best seller.

 

 

 

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